Cine argentino una vez más.
Esta vez le di una oportunidad a Pablo Trapero, un director argentino del que todavía no había visto nada y que pensé que valía la pena ver. Títulos como Nacido y Criado estaban en mi mente desde hace tiempo como una cuenta pendiente que, se puede decir, está saldada.
Para empezar con este director, no vi su obra cúlmine (la antes mencionada) sino, que vi EL BONAERENSE (2002), película protagonizada por Jorge Román.
La película trata sobre un hombre de un pueblo del interior de Argentina que se va a Buenos Aires porque consigue que lo entrenen para policía y así participar en ese departamento "que ayuda al ciudadano" en la capital.
Desde un comienzo, el director va mostrando cómo un hombre va descendiendo moralmente, hasta el punto en que su vida se vuelve una total mentira.
Al mudarse a Buenos Aires para conseguir trabajo, necesita mentir para conseguirlo. Necesita fingir que es alguien que no es, para seguir adelante. Necesita ocultar parte de su pasado. Y matarlo en complicidad para ascender.
Termina "bien", termina siendo comisario en la jefatura. ¿Es eso terminar bien?
Cuando obtenemos el mayor cargo en el trabajo en el que estamos. Cuando conseguimos el reconocimiento. Cuando rendimos como quieren nuestros jefes, porque los acahueteamos, ¿es eso estar bien?
Cuando no importa más nada que la satisfacción personal y nos damos cuenta que estamos donde en realidad no queremos estar, pero es lo que siempre quisimos. ¿La historia termina bien?
Esto es lo que le pasa a nuestro protagonista. Lo consigue, ¿pero a cuestas de qué?, ¿qué es lo que sacrifica?
El director quiere llevarnos a estas preguntas, o al menos lo intenta.
Si bien muestra este descenso que mencionaba antes, no logra, a mi parecer, mostrarlo verdaderamente. La mujer con la que se ve, tiene relaciones, etc. es su profesora en el curso para policía. Empiezan su relación sexual apenas se conocen. Al director no le interesaba mostrarle al espectador más que esa necesidad primitiva de tener sexo, porque eso es lo que los une, eso es lo único que él le pide. Cuando parecen haber formado una relación más allá de eso, las cosas empiezan a deteriorarse. Él empieza a hacer cosas que a ella no le gustan. Él no la entiende.
Es entonces que el director falla, a mi parecer; es un tema que no termina de concretar. Vemos esa visión: la de ella diciéndole que no le gusta lo que él hace, que se está volviendo como los otros, como su jefe. Él le dice que no es así... Termina siendo así... pero recién al final lo vemos. Ellos terminan la relación mal y sin hablarse tras una noche de sexo desenfrenado, poco más que animal porque así elige mostrarlo quien hace la puesta en escena.
¿Y no se convierte un poquito en animal, en primate? Porque pareciera un hombre en estado de involución. Un hombre todo encorvado comiendo en el piso, encima de un colchón en una habitación donde solo hay eso. Qué más cerca de un hombre de las cavernas.
¿La ciudad vuelve así al hombre? ¿Buenos Aires o cualquier ciudad? ¿Se supone que en un pueblo del interior se puede no ser así? Pero... en el interior fue donde lo metieron preso por ser tan ingenuo que no sabía que estaba siendo cómplice de un robo.
Pero es ese pasado, ingenuo tal vez, el que volvió. La deuda fue peor. No fueron unos días en la cárcel. Fue una muerte.
Todo me hace cuestionarme si el director quiso hacer de su protagonista una víctima o un victimario. Es víctima de lo que le pasa, llega a ser comisario porque no tuvo otra, porque era la forma de ascender en un sistema como es la policía corrupta argentina. O tal vez, fue victimario. Dejó que las cosas fueran así y no hizo nada al respecto. Dejó que ese sistema lo llevara hacia donde quería, sin hacer más que colaborar y siguió con la mentira hasta que consiguió "lo que quería".
Y termina caminando con su bolso, con una pierna rota, solo. Volviendo a la capital en medio de un campo desolado, mientras se escucha un viejo tema campero a la voz de AURA.
Nada más.-
(El mismo pedido de siempre, si alguien la vio, comenten)